lunes, 9 de mayo de 2011

AUTOCONSUMO. ¿Porqué tenemos derecho a producir nuestra propia energía?

Que la energía es un bien primario y necesario para todos es evidente, pero que para conseguir satisfacer las crecientes necesidades energéticas tengamos que sacrificar la salud de todo el planeta no es una verdad tan categórica. Existen alternativas y estas son las energías renovables, las únicas a las que podemos considerar a día de hoy como "sostenibles" porque pueden satisfacer las necesidades actuales de energía sin que tengamos que dejar en herencia el pago de la factura a las generaciones venideras.

En la actualidad existen tecnologías de producción eléctrica como la fotovoltaica, la mini eólica y la micro cogeneración con biomasa, adecuadas tecnológicamente para cubrir las necesidades domésticas; son modulables y fácilmente integrables en edificios.

Teniendo en cuenta el principio axiomático de que la energía no puede crearse ni destruirse, sólo se puede cambiar de una forma a otra, producir en nuestras casas la energía que necesitamos consumir evitará tanto su almacenamiento como su transporte a través de la red, con el consiguiente ahorro de emisiones de CO2. No se trata tanto de buscar los medios para producir más y más energía, sino de saber racionalizarla. Usar sin abusar, gastar sin derrochar. Construir trabajando con la naturaleza y no contra ella. Necesitamos crear conciencia de que tenemos que conseguir reducir nuestra dependencia energética y contribuir a minimizar el impacto del cambio climático. Cualquier cosa que hagamos, por insignificante que parezca, es algo más que nada. Tendríamos que plantearnos la producción de electricidad con energías renovables como una inversión de futuro, como una obligación ciudadana para hoy y mañana.


Y si del bolsillo se trata, debemos tener en cuenta que la evolución del coste de la electricidad sigue una tendencia creciente. Deberíamos ser conscientes de la inseguridad energética que sufrimos en toda Europa: el incremento de los costes de los combustibles fósiles, la inestabilidad política de los países exportadores; la energía nuclear, que ha quedado tan desprestigiada por los últimos acontecimientos, que hoy en día es difícil que ningún gobierno se arriesgue a instalar nuevas plantas. En la situación actual deberíamos ser conscientes de la amenaza real de subidas drásticas de los precios de la energía. Por otra parte, la tecnología eólica ha sido capaz de alcanzar prácticamente costes competitivos en 10 años de desarrollo y la tecnología fotovoltaica ha disminuido sus costes a la mitad en menos de cinco; y la tendencia es decreciente debido a los grandes avances tecnológicos logrados que están permitiendo hacerlas cada vez más competitivas.

España, por su situación geográfica envidiable, podría ser fácilmente líder mundial en energía solar, eólica y mareomotriz e incluso exportar tecnología punta a los demás países. Pero para ello deberíamos hacer ver a nuestros políticos que les va a resultar rentable electoralmente apoyar y dar prioridad a la inversión en I+D en energías renovables y potenciar su desarrollo y maduración apoyando su implantación generalizada; incentivando a través de ayudas en rehabilitaciones de viviendas y en nueva construcción. Podría ser interesante incluso empezar a plantearnos la construcción de fábricas y polígonos industriales con una visión más ecológica y de futuro, con suministros energéticos renovables y medios de reciclaje in situ para las materias sobrantes y/o contaminantes, depurando todo lo que se vierte al desagüe, en lugar de gastarnos luego miles de millones en limpiar más tarde el desastre.

En nuestro país, el uso de la energía renovable en los hogares no ha logrado un gran despliegue hasta el momento por varias razones:

- El precio de la instalación: (aunque cada vez menor, sigue siendo una inversión inicial un tanto elevada) Para abaratar costes se ve necesario un mayor apoyo gubernamental al I+D en tecnologías renovables de modo que se consigan tanto reducir los costes de producción como aumentar la eficiencia, de manera que sea cada vez más competitivo económicamente.

- La enorme burocracia: Si una persona quiere instalar paneles solares o un molino eólico en su casa particular y quiere que sus instalaciones se conecten a la red, la legislación lo contempla como empresario que vende su energía, por lo que debe darse primero de alta como sociedad, pagar los impuestos correspondientes y declarar IVA. También tendrá que lograr el punto de conexión con la red eléctrica a la que venderá la electricidad producida, darse de alta en un registro especial de productor en la Administración autonómica y precisará permisos municipales, calificación urbanística y demás. Lo que da como resultado la desmoralización de quienes pensaban realizar instalaciones renovables en sus hogares, o les deja como opción únicamente el autoabastecimiento sin compartir el excedente con las redes oficiales.

- Desconocimiento: se nos ha hecho creer que las energías renovables son caras y no permiten una autosuficiencia energética, teniéndose que apoyar siempre en sistemas alternativos. Para la producción de energía eléctrica estamos habituados a ver paneles solares fotovoltaicos y ciertamente, es una de las tecnologías más utilizadas. El problema es que por la noche no hay producción energética, así como en días muy nublados, con lluvia ó nieve, y se necesitarían medios para almacenar la energía producida durante el día. Estas formas de almacenar la energía solar actualmente no son lo suficientemente eficaces si se comparan por ejemplo con el almacenamiento de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas). Pero existen soluciones con un mix energético, como son la eólica y la solar o la biomasa, el vehículo eléctrico como almacén de energía eléctrica, una gestión eficiente de la demanda y otras muchas posibilidades por desarrollar, cuando invirtamos el porcentaje de subvenciones al I+D hoy abrumadoramente a favor de las tecnologías convencionales.

En España hasta ahora todas las políticas para incentivar las energías renovables se han basado en un único objetivo: hacerlas atractivas para la inversión privada a través de un sistema de primas. De esta forma el Gobierno consigue la infraestructura necesaria para producir energía por medio de la tecnología renovable sin realizar la inversión inicial necesaria (llevada a cabo en este caso por la inversión privada) Esto es lo que ha motivado que la visión percibida por el ciudadano de a pie sea que las energías renovables son en realidad un negocio financiero, lo cual hasta ahora había sido cierto. Pero la situación ha cambiado radicalmente y ha llegado la hora de dejar paso al autoconsumo, un avance que significará:

- Un ahorro energético para nuestro país.
- Un ahorro para nuestros bolsillos como consumidores: una vez amortizada nuestra instalación nos olvidaremos para siempre de pagar la factura eléctrica.
- Prevenir futuras crisis energéticas debidas a nuestra gran dependencia exterior.
- Nuestra contribución particular contra el cambio climático.

En el sistema eléctrico español, la electricidad no se almacena sino que fluye constantemente desde los puntos de producción hasta los de consumo a través de la red eléctrica. Esto obliga a enormes desplazamientos de energía desde las grandes centrales a los centros de consumo, con las consiguientes pérdidas y costes.

Una pequeña instalación de autoconsumo funciona igual que una central pero evita desplazamientos de energía puesto que se consume en el mismo sitio que se produce.


Pero ¿qué pasa si no consumimos toda la energía generada por nuestro sistema de producción ó nos vamos de vacaciones? ¿Se desperdicia esta energía? En otros países como Estados Unidos, Japón, Dinamarca, Italia y más recientemente Alemania, han implantado un sistema llamado medición neta (net metering). De este modo, si en algún momento sobra energía, esta se vuelca a la red y se consume por el vecino más próximo que la demande. Para ello es preciso que el contador mida la energía exportada, de la misma manera que mide la consumida. Esto permite a los abonados domésticos entregar a la red pública los excedentes generados con energía renovable y poder ser remunerado por ello.

La medición neta es una herramienta para incentivar la participación de la ciudadanía en el desarrollo de las energías renovables y facilitar una mayor diversificación de las fuentes de generación y, por tanto, incrementar la independencia energética del país. Además, el sistema permite reducir los costes de interconexión y administrativos de las empresas concesionarias del sistema eléctrico en lo que se refiere a las redes de distribución y transporte eléctrico.

Para el IDEA (Instituto para la diversificación y ahorro de energía), el propietario de una instalación de autoconsumo que quiere verter a la red su excedente de energía eléctrica no es un productor sino un consumidor y por tanto no puede recibir una remuneración económica. Pero como para el consumidor es más caro almacenar en baterías ese excedente para poder usarlo cuando lo necesite, se le ofrece la posibilidad de volcarlo a la red y obtener un crédito a consumo, es decir, compensar el saldo a su favor en la factura del mes siguiente, y si no a la siguiente, siempre dentro de un plazo máximo en el que este excedente se pueda compensar (para que no se pueda seguir acumulando sine die).

En este caso, la red actúa como colchón para absorber los excedentes de producción con la participación del comercializador.

Según Vicente López-Ibor Mayor, Director Académico del Curso Superior de Derecho de la Energía del Instituto de Empresa-Club Español de la Energía:
”la finalidad de incentivar la Fotovoltaica por medio de tarifas reguladas a su producción tiene como objetivo crear un entramado industrial y empresarial que permita hacer competitiva en costes su generación para dejar de depender de ayudas. Conseguir alcanzar este punto se denomina paridad de red ("grid parity").

Existen 2 enfoques:

1º.- Desde el punto de vista de la producción, cuando el kWh fotovoltaico pueda competir en precios en el Mercado Mayorista ("pool").

2º.- Desde el punto de vista de la demanda, cuando el kWh fotovoltaico producido por un consumidor tenga el mismo coste que el vendido por la compañía distribuidora.

La 2ª situación puede llegar a producirse muy pronto. Se baraja que allá por el año 2015. No obstante, el autoconsumo requiere una regulación específica, y claro, esto choca frontalmente con los intereses de las grandes compañías eléctricas... Sería una intrusión en su negocio, y una transferencia a los consumidores del poder que otorga el control de un bien de primera necesidad...

La liberalización no es un acto que implica la inmediata y automática conversión de antiguos monopolios en un mercado fluido de libre asignación de la oferta y la demanda. La liberalización es un diseño regulatorio en etapas cuyo objetivo final es abrir a los mecanismos competitivos unos sectores –eléctrico e hidrocarburos–, que se encontraban, directa o indirectamente, intensamente intervenidos. Y hacerlo en beneficio de los consumidores, que dispondrán así de una más amplia oferta de operadores, servicios o productos o una mejor calidad de aquellos, gracias a la presión ejercida por la rivalidad competitiva.
En resumen, podemos ver que la paridad de red es el momento en el que el coste de la electricidad de la red y el coste de la electricidad fotovoltaica es el mismo. Antes de alcanzar la paridad de red nos resulta más barato comprar la energía eléctrica a la compañía distribuidora, y por lo tanto para que las personas inviertan en energía fotovoltaica tiene que existir una Tarifa que permita que esta inversión sea rentable. Pero una vez que hayamos pasado la paridad de red la energía renovable comenzará a ser más económica que la electricidad que consumimos y por lo tanto empezará a ser más interesante generar nuestra propia electricidad.

Se puede apreciar más fácilmente en este gráfico sacado del informe estratégico para el sector fotovoltaico en España titulado “Acercándonos a la paridad de red”, que la consultora KPMG realizó en noviembre de 2009 para ASIF (Asociación de la Industria Fotovoltaica)http://www.kpmg.com/ES/es/ActualidadyNovedades/ArticulosyPublicaciones/Documents/Informe_estrategico_para_el_sector_fotovoltaico_en_Espana_acercandonos_a_la_paridad_de_red.pdf

El mencionado informe muestra el camino por el que, en opinión de ASIF, debería transitar el sector fotovoltaico e indica que la clave es que los consumidores puedan producir y consumir su propia electricidad. Los números planteados estiman que en el año 2020 el mercado fotovoltaico puede crecer un 35% sin que aumente la tarifa eléctrica, se reduciría un 5% la dependencia energética, se crearían más de 50.000 empleos directos y se ahorrarían 2.500 millones de euros en emisiones de CO2.

El estudio también establece que será a mitad de la década cuando al consumidor le resulte más rentable instalar unos paneles fotovoltaicos y consumir la electricidad que estos generen, que comprar la misma electricidad a la compañía comercializadora. Esto sucederá por la subida del precio de la electricidad, la tendencia es de un 4,5% anual, y la reducción de la tarifa fotovoltaica que con la regulación vigente decrece entre un 10 y un 16% cada año.

En ese contexto se propone incentivar el autoconsumo hasta que se obtenga la paridad de red. Los consumidores, por su parte, ahorrarían directamente del recibo de la luz. En el caso del autoconsumo residencial entre el 60% y el 80% anual, mientras que en el mercado comercial/industrial entre el 30% y el 50%.

El mayor crecimiento fotovoltaico hasta 2020 produciría, según el informe, beneficios diversos. “La contribución al PIB español estaría situada entre los 3.800 y 5.800 millones de euros (del 0,18% al 0,28% del PIB). En total, habría entre 36.000 y 54.000 empleos directos. La dependencia energética se reduciría entre un 4% y un 5%, y el pico de demanda eléctrica entre un 3% y un 6%. Se ahorrarían entre 2.200 y 2.500 millones de euros en pagos por emisiones de CO2 y se facilitaría la consecución de los objetivos ambientales y de penetración de las energías renovables de 2020”.

Así que, ¿podemos sacar en conclusión que antes de llegar a esta paridad de red , hoy por hoy no es rentable económicamente para el ciudadano una instalación de autoconsumo energético?

Jordi Miralles de la Fundación Tierra, y Ana Marco de la Fundación Ecología y Desarrollo, dentro del informe realizado para la campaña que llevan a cabo para reclamar al gobierno que facilite la implantación de renovables en el sector doméstico señalan:

Si del actual parque de viviendas censado en España (unos 22 millones), tan sólo una cuarta parte se implicaran en los próximos diez años en la autoproducción eléctrica con el equivalente a 2 kW renovables, obtendríamos una potencia renovable de 11 GW capaces de generar al año de 13.200 GWh año, un 25 % de lo que genera actualmente el parque de centrales nucleares.


En un edificio plurifamiliar moderno de 20 viviendas, con garaje y ascensor e iluminación eficiente el consumo eléctrico anual puede alcanzar fácilmente los 20 000 kWh con un coste económico estimado de unos 3000 euros y la emisión de 10 toneladas de CO2.


Con una autorización de medición neta para auto producir electricidad, compensar todo el consumo eléctrico se conseguiría, por ejemplo, con una central fotovoltaica de 15 Kw (ocuparía unos 130 m2 de superficie de la cubierta). La inversión en esta central solar (precios 2010) sería de unos 45 000 euros. En unos 15 años el ahorro energético estaría amortizando la inversión, contando que la tarifa eléctrica no se incrementara, algo improbable. La vida media de esta instalación sería de mínimo 25 años.
Si además, el excedente que se generara fuera bonificado con una tarifa especial por los beneficios ambientales de la inversión hecha por la comunidad, el período de amortización sería menor y motivaría más. La autoproducción energética es una de las pocas vías que tienen las comunidades de vecinos de contribuir a la lucha contra el cambio climático y a reducir la dependencia energética.

El pasado 11 de abril de 2011, el Ministerio de Industria envió al Consejo Consultivo de electricidad el nuevo “Proyecto de Real Decreto por el que se regula la conexión a red de instalaciones de producción de energía eléctrica de pequeña potencia". La organización Greenpeace, a través del Consejero representante de las organizaciones de defensa ambiental en el Consejo Consultivo de Electricidad, ha presentado algunas alegaciones al Real Decreto, entre las que se encuentran la de excluirlas de los cupos de potencia que establece el Gobierno. También se pide que no se exija el depósito de aval a este tipo de instalaciones.

"Es fundamental que se permita autoconsumir la electricidad que generemos con nuestras propias instalaciones de energía limpia", ha declarado José Luis García Ortega, responsable de proyectos de Energía limpia de Greenpeace. "El autoconsumo ayudará a hacer un uso más eficiente y racional de la energía y permitirá un aprovechamiento generalizado y distribuido de las energías renovables".

Pero creo que lo más importante es la divulgación, que estemos bien informados, porque en la gran confusión al público está el beneficio del lobby energético, que vela por sus intereses económicos, no por los nuestros ni por nuestros herederos. Es necesario exigir a nuestros gobernantes que establezcan las leyes necesarias para el beneficio de la mayoría, como se espera de una democracia consolidada como la nuestra.